Las iglesias necesitan pastores y ministros preparados, pero también necesitan creyentes capaces de comprender su fe, vivirla con madurez y servir con excelencia. Esta convicción dio origen a la Escuela de Ministerio de Prestonwood en Español: un proyecto creado para capacitar a los miembros de la iglesia, especialmente a aquellos creyentes laicos que no necesariamente han sido llamados al ministerio vocacional, pero que sí han recibido el llamado de Dios a servir y participar activamente en la edificación de la iglesia.
La Escuela nació bajo la visión del Dr. Gilberto Corredera y como resultado de un sueño que fue desarrollándose durante muchos años. No surgió de manera repentina ni comenzó con la estructura académica que tiene actualmente. Fue el resultado de un proceso prolongado, marcado por diferentes intentos, aprendizajes y una convicción que permaneció firme: la iglesia debe asumir la responsabilidad de preparar a sus miembros para la obra del ministerio.
Una visión que permaneció en el tiempo
Durante los primeros 16 años del ministerio de Prestonwood en Español, la iniciativa funcionó de manera itinerante mediante clases y espacios de capacitación. Aunque todavía no existía una estructura académica formal, estos esfuerzos mantenían viva la visión de ofrecer formación bíblica y ministerial a quienes deseaban servir.
Hubo varios intentos de consolidar una Escuela de Ministerio, pero las condiciones y los recursos necesarios no siempre estuvieron disponibles. Sin embargo, la visión no desapareció. Continuó madurando hasta encontrar el momento, las personas y la estructura que permitieran convertirla en un programa organizado, accesible y académicamente sólido.
Esta historia también recuerda que algunos proyectos ministeriales necesitan tiempo. Una visión puede atravesar temporadas en las que parece avanzar lentamente o permanecer detenida. Eso no significa necesariamente que haya perdido su validez. En ocasiones, Dios utiliza esos años para definir su propósito, desarrollar experiencia y preparar las condiciones que permitirán que la obra pueda sostenerse.
Vivir conforme al llamado
El fundamento bíblico de la Escuela se encuentra en Efesios 4. En el primer versículo, Pablo exhorta a los creyentes a vivir de una manera digna de la vocación con la que fueron llamados. Más adelante, en Efesios 4:12, explica que los líderes de la iglesia han sido dados para capacitar a los santos para la obra del ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo.
Ambas enseñanzas se complementan. Todo creyente ha recibido el llamado de vivir de manera coherente con el evangelio, pero también necesita ser preparado para hacerlo. La formación bíblica no debe reservarse exclusivamente para pastores, misioneros o quienes estudian una carrera teológica. La iglesia está compuesta por creyentes llamados a conocer la verdad, desarrollar sus dones y participar en la misión de Dios desde los distintos espacios donde sirven.
Desde esta perspectiva, capacitar a la iglesia no es una actividad adicional ni un proyecto secundario. Es parte de su responsabilidad. Cuando los creyentes comprenden lo que creen y por qué lo creen, cambia su forma de pensar, de vivir la fe y de servir. La formación les permite pasar de una participación limitada a una vida cristiana consciente, madura y comprometida.
De una clase a una Escuela
La Escuela de Ministerio comenzó oficialmente en el otoño de 2024 con 47 estudiantes. Desde entonces, ha experimentado un crecimiento orgánico de 331 %, sin campañas de publicidad ni promoción pagada. Más de 315 estudiantes han participado en sus clases, procedentes de cinco países y de diferentes contextos denominacionales.
Este crecimiento no se explica únicamente por el interés en obtener un certificado. También refleja una necesidad real entre la población hispana: muchos creyentes desean estudiar la Biblia seriamente y prepararse para servir, pero no siempre tienen acceso a programas teológicos en español que sean académicamente rigurosos, ministerialmente prácticos y compatibles con sus responsabilidades familiares y laborales.
La diversidad de los estudiantes ha ampliado el alcance de la Escuela. Aunque nació en una iglesia local, su servicio ya no se limita a una sola congregación ni a una ciudad. En las aulas participan creyentes con diferentes historias, niveles de experiencia y áreas de servicio, unidos por el deseo de comprender mejor la Palabra y servir con mayor claridad.
Formación bíblica con las manos en la obra
La Escuela busca formar líderes bíblicos, pero posee un elemento diferenciador: no se concibe únicamente como un programa académico. Su propósito no es llenar la mente de información sin conexión con la realidad ministerial. La formación debe conducir al servicio.
Por eso, el estudiante no solamente aprende conceptos, sino que recibe herramientas prácticas para servir en su iglesia local, sin importar dónde se encuentre. La meta es integrar conocimiento bíblico, carácter cristiano y práctica ministerial. Un líder necesita interpretar correctamente la Escritura y comprender las doctrinas fundamentales, pero también debe aprender a trabajar con personas, enseñar, discipular, colaborar y responder a las necesidades reales de su comunidad.
La excelencia ministerial no consiste en hacer el trabajo de manera profesional mientras se descuida la vida espiritual. Tampoco consiste en tener buenas intenciones sin preparación. Requiere convicciones bíblicas, madurez de carácter y herramientas apropiadas. La Escuela procura mantener estos elementos unidos para que la formación no produzca solamente estudiantes con conocimientos, sino creyentes disponibles y preparados para servir.
Actualmente, la Escuela ofrece un Certificado de Estudios Bíblicos y Ministerio Cristiano con acreditación académica de Southwestern Baptist Theological Seminary. El programa está compuesto por nueve cursos organizados alrededor de cuatro ejes fundamentales: Biblia, doctrinas cristianas, formación espiritual y práctica ministerial.
Los profesores cumplen altos estándares académicos y cuentan con experiencia ministerial, además de estudios de maestría o doctorado. Esta combinación resulta esencial. El rigor académico permite presentar una enseñanza responsable, mientras que la experiencia ministerial ayuda a conectar el contenido con los desafíos reales de la iglesia.
Resultados que confirman la visión
Uno de los logros más importantes fue alcanzar el respaldo académico de una institución teológica de reconocimiento internacional antes de cumplirse el primer año de funcionamiento formal. Este avance fortaleció la estructura del programa y confirmó que es posible ofrecer formación teológica seria en español sin perder su orientación hacia la iglesia local.
La graduación de la primera promoción, integrada por nueve estudiantes, representó otro momento significativo. Cada graduado simboliza más que una meta académica cumplida: representa a un creyente mejor preparado para enseñar, liderar, discipular y servir.
El crecimiento de la Escuela también ha impactado la manera en que la congregación comprende la fe. Es un desafío hermoso observar cómo la iglesia madura cuando recibe capacitación. La fe deja de depender únicamente de expresiones aprendidas y comienza a ser comprendida de forma racional, bíblica y aplicable. El creyente descubre que la doctrina no está separada de la vida, sino que orienta sus decisiones, relaciones y servicio.
Una visión que mira hacia 2031
La meta para 2031 es alcanzar 1,000 estudiantes activos y tener presencia en una parte significativa de los países de habla hispana. No se trata simplemente de aumentar cifras, sino de ampliar la capacidad de servir a iglesias que necesitan líderes preparados.
El sueño es continuar entrenando a creyentes laicos y líderes ministeriales para que ejerzan su servicio con excelencia, claridad y fidelidad bíblica. Cada estudiante capacitado puede fortalecer una congregación, formar a otros discípulos y extender el alcance del evangelio en su comunidad.
La Escuela de Ministerio nació de una visión que permaneció firme durante años y encontró su fundamento en la Palabra de Dios. Hoy, su crecimiento confirma la necesidad que le dio origen. Equipar a los creyentes para servir no es solamente desarrollar un programa educativo; es fortalecer a la iglesia para cumplir su misión. Cuando la iglesia prepara a sus miembros, el conocimiento se convierte en servicio, la vocación se expresa en obediencia y cada creyente puede participar activamente en la edificación del cuerpo de Cristo.
Danyela Díaz
Directora, Escuela de Ministerio



